En el mundo de la aviación, los cambios de rumbo no son extraños, incluso cuando involucran acuerdos multimillonarios. Así ocurrió recientemente con Qatar Airways, que anunció la cancelación de un pedido de 25 aviones Boeing 737 MAX 10, a pesar de haber confirmado, días antes y en presencia del expresidente Donald Trump, un pedido mayor a la misma fabricante.
Este cambio generó ruido tanto en la prensa especializada como en el sector político estadounidense, especialmente porque el pedido original fue presumido como “histórico” durante una gira diplomática. Pero vamos por partes.
¿Qué pasó con Boeing y Qatar?
Aunque el pedido principal de 160 aviones Boeing sigue firme —con posibilidad de ampliarse a 210 unidades—, la aerolínea catarí decidió cancelar el lote de 25 aviones B737 MAX 10, argumentando que no se ajustaban a sus necesidades operativas regionales. Esto, a pesar de declaraciones anteriores de su director general, quien en 2022 apostaba fuertemente por ese modelo.
En su lugar, Qatar Airways optó por aviones de la europea Airbus, lo cual no solo representa una decisión técnica, sino también un mensaje político y comercial claro: ni Boeing tiene el terreno ganado, ni los anuncios diplomáticos garantizan ventas cerradas.
¿Y el regalo de Qatar a Trump?
Para añadir más capas al drama, durante la misma gira, el gobierno de Qatar “obsequió” un Boeing 747-8 a Donald Trump, que fue presentado como sustituto provisional del Air Force One, aún pendiente de entrega por parte de Boeing.
El expresidente, fiel a su estilo, comentó ante los medios: “Francamente, es demasiado grande”. Y razón no le falta: el 747-8 mide 5.5 metros más que el actual Air Force One (un B747-200), y supera también al “Trump Force One”, un veterano Boeing 757 que alguna vez voló en la flota de la desaparecida aerolínea mexicana TAESA.

A pesar de las críticas del Partido Demócrata por la aparente violación de la Constitución (que prohíbe aceptar regalos de gobiernos extranjeros), el Pentágono aceptó el avión. El Secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el portavoz Sean Parnell aseguraron que el aparato se adaptará para cumplir con los estándares presidenciales y de seguridad.
¿Por qué es relevante este cambio?
Este movimiento de Qatar Airways sirve como recordatorio de que en la aviación comercial no hay nada escrito en piedra. Las aerolíneas planean a años vista, pero las necesidades operativas, geopolíticas y comerciales cambian. Por eso no sorprende que un acuerdo aparentemente sólido, como el de los 737 MAX, se congele en favor de una opción más estratégica.
Lo interesante aquí no es solo el cambio de fabricante, sino cómo estas decisiones sacuden la política internacional, las relaciones diplomáticas y hasta la narrativa nacionalista de empresas como Boeing. El mensaje es claro: ni la geopolítica ni el poder presidencial garantizan entregas efectivas o lealtades comerciales.

