La transición democrática mexicana ha cerrado oficialmente un círculo perfecto en este julio de 2026. Ernesto Ruffo Appel, el hombre que en 1989 hizo historia al convertirse en el primer gobernador de oposición del país, ha vuelto a inaugurar una categoría, aunque con un uniforme bastante menos elegante. El exmandatario de Baja California fue detenido bajo acusaciones de delincuencia organizada y «huachicol fiscal», una sofisticada variante del robo de combustible que consiste en importar gasolina evadiendo jugosos impuestos. Es reconfortante ver que aquellos héroes de la alternancia que prometieron jubilar las viejas mañas del sistema terminaron adoptando las prácticas más lucrativas del catálogo nacional.
La detención de Ruffo no es solo un golpe policial; es una bella lección de adaptabilidad empresarial. Mientras otros políticos retirados se dedican a dar aburridas conferencias sobre la democracia, el exgobernador prefirió aplicar sus amplios conocimientos de logística en un negocio con un margen de ganancia envidiable. Según las autoridades, la red operaba cruzando hidrocarburos por las aduanas del norte, burlando al fisco con una facilidad asombrosa que ya querría cualquier mortal al deducir sus impuestos. Al final, resulta que la famosa «fórmula de la alternancia» norteña solo necesitaba un poco de aditivo para motores para funcionar a toda marcha.
La justicia mexicana demuestra con esto que no discrimina por trayectoria histórica ni por méritos democráticos cuando se trata de auditar las facturas de la gasolina. Ahora solo queda ver si su proceso judicial tendrá la misma velocidad que su vieja campaña electoral o si se convertirá en otro trámite eterno.
Paradoja histórica: El hombre que abrió las puertas al pluripartidismo ha demostrado que, sin importar el color del partido, el amor por el combustible libre de impuestos es un elemento de identidad nacional que nos une a todos.












