En el fascinante y folclórico universo de la política mexicana, asumir la responsabilidad de un error es considerado un pecado capital de la administración pública. El alcalde de Salinas Victoria, Nuevo León, ha decidido aplicar al pie de la letra el capítulo número uno del infalible manual de supervivencia burocrática: si te atrapan en una polémica, grita conspiración con todas tus fuerzas. Ante las severas y ruidosas denuncias de diversos transportistas que alegan abusos, extorsiones y un acoso vial digno de película de mafiosos por parte de los elementos municipales, el edil no dudó un segundo en sacar su escudo protector favorito. Sin parpadear, aseguró ante los medios que todo el escándalo es en realidad una sucia campaña negra perfectamente armada por una macabra alianza entre el PRI y Morena.
Cuando el gremio camionero se vuelve agente secreto de la oposición
La lógica que emana del palacio municipal es verdaderamente digna de un premio internacional de guion cinematográfico de suspenso. Según esta conveniente versión oficial, los sufridos choferes de carga pesada que cruzan el estado no están genuinamente molestos por los cobros injustificados o el maltrato a sus unidades en las rutas locales. No, para nada. En la mente de la autoridad, cada tráiler que transita por esta zona clave para el comercio internacional es potencialmente una pieza de ajedrez manejada desde las sombras por los hilos de la oposición. La idea de que su administración pudiera estar cobrando «cuotas de paso» creativas es, por supuesto, una fantasía absoluta inventada por mentes perversas que solo buscan descarrilar su impecable reputación.
La ironía de este melodrama alcanza niveles verdaderamente épicos cuando uno analiza a los supuestos arquitectos de la conspiración. Lograr que el PRI y Morena dejen de despedazarse públicamente en los debates y se pongan de acuerdo en una estrategia unificada ya es un milagro que ni la ONU ha conseguido en décadas. Sin embargo, el alcalde insiste en que estas dos fuerzas políticas decidieron firmar una tregua histórica con el único y sagrado propósito de quitarle el sueño a él.
Gran verdad de la política local: Si los números de las multas no cuadran y el sindicato te arma un escándalo en las calles, culpar al complot bipartidista siempre será más barato que ordenar una auditoría interna.
Al final, mientras los transportistas siguen exigiendo que los dejen trabajar en paz sin tener que dejar su ganancia del día en las ventanillas municipales, el discurso oficial prefiere mantener a la ciudadanía entretenida con este emocionante drama de espionaje electoral. Habrá que ver si esta ingeniosa táctica de culpar a los fantasmas del pasado y del presente le sirve para limpiar las carreteras de Nuevo León, o si la cruda realidad del asfalto terminará ganándole por goleada a sus elaboradas teorías de persecución política.













