Imagina ir a pedirle un aumento a tu jefe con toda la actitud del mundo y que te respondan con la versión política del clásico «no eres tú, soy yo, es mi cuenta bancaria». Eso es exactamente lo que acaba de pasarle a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. La secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, aclaró que las demandas que el gobierno federal no puede cumplir no se deben a una falta de cariño o de intenciones, sino a que simplemente no hay presupuesto. Con las protestas calentando las calles a solo una semana de que comience el Mundial de la FIFA, las autoridades tuvieron que sacar la calculadora para explicar por qué no se puede complacer a todos en este festival de exigencias magisteriales.
La funcionaria detalló que la presidenta Claudia Sheinbaum dio instrucciones muy específicas: decir «sí» a lo que sea viable y avanzar, pero admitir con total honestidad lo que resulta imposible por cuestiones financieras. Y es que los maestros no están pidiendo cualquier cosa; entre sus peticiones estrella se encuentra el regreso al antiguo sistema solidario de pensiones. Sin embargo, el titular de la SEP, Mario Delgado, sacó las matemáticas prohibidas e indicó que conceder ese capricho le costaría al país el equivalente a más de 20 puntos del Producto Interno Bruto, una cifra astronómica que dejaría la economía nacional temblando mucho más que un estudiante exponiendo sin haber estudiado la lección.
A pesar del balde de agua fría, Gobernación no los mandó a casa con las manos vacías y les entregó propuestas firmadas que incluyen la desaparición de la USICAMM y mejoras reales en PensionISSSTE, bajo la firme promesa de mantener un diálogo permanente y libre de represión. La ironía demuestra que el romanticismo político siempre choca de frente con el muro de la austeridad republicana. Al final, el gobierno federal aplicó la vieja confiable de cualquier mortal a mitad de quincena: prometer amor eterno, dar muestras de buena fe y rezar para que entiendan que el cariño verdadero no se puede pagar con una tarjeta de crédito completamente sobregirada.













